Cuando me incorporé al Consejo de la Mutualidad del Ejército y Aviación en representación del Personal en Retiro de la FACH, me correspondió realizar un proceso de inducción. En la presentación del Gerente General Don Carlos Ketterer Droghetti, me llamó la atención un pilar o concepto que aplicará durante su gestión: “Trabajo en Equipo”, motivo de este escrito. Más que trabajar en grupo, es sumar esfuerzos para alcanzar algo conjuntamente, lo que sería difícil de realizar de forma individual y todo esto en un ambiente de comunicación, confianza y compromiso. Un pilar que hoy puedo apreciar en nuestra Mutualidad y que también estuvo presente en la gran hazaña histórica de mi abuelo, donde varias personas se reunieron para lograr lo que se podría considerar imposible para esa época.

La Hazaña
Situémonos a las 04:00 hrs. de un 12 de diciembre de 1918 en la Escuela Militar de Aeronáutica, Chacra Lo Espejo. Es un amanecer decisivo, las actividades se habían iniciado y mi abuelo, el Teniente Dagoberto Godoy Fuentealba, después del café de rigor, recibió órdenes e instrucciones dirigiéndose al avión Bristol M1C equipado con un motor de 110 HP, matrícula C4988. En su preparación previa, había participado el mecánico Luis M. Cabezas y otros más, rodeados de superiores, entre ellos el Coronel Pedro Pablo Dartnell, el Capitán Manuel Ávalos Prado y el Mayor Víctor Houston (Oficial Inglés que prestaba servicios como instructor), además de otros compañeros y mecánicos. La aeronave aún tenía las insignias de la Real Fuerza Aérea.

Dagoberto Godoy Fuentealba
A las 05:30 hrs., cuando el alba recién apareció sobre Santiago y después de haber realizado las pruebas de rigor, inició el despegue tomando altura sobre el campo aéreo para dirigirse hacia el noreste. A los 3.000 metros de altura desaparece de la vista de su equipo, siguiendo la ruta hacia el volcán Tupungato, luego el Cristo Redentor y el Valle de Uspallata. Cerca de la cima del Aconcagua avistó el río y la ciudad de Mendoza, donde inició el descenso hacia la cancha de los Tamarindos, pero no pudiendo alcanzarlo decidió aterrizar en el campo abierto de Lagunitas, lugar no habilitado, lo cual significó destrucción parcial del avión, pero él salió ileso y victorioso. La misión estaba cumplida, con un tiempo de vuelo de aproximadamente unos 88 minutos. Asombrados, unas decenas de habitantes de Mendoza lo rodearon y le preguntaron con extrañeza: ¿De dónde viene Ud. patrón?, “de Chile, ¡Viva Chile!” respondió eufórico.

CDA (R) Dagoberto Godoy Vera
Consejero Mutualidad del Ejército y Aviación
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